¿Qué es el temperamento y cómo influye en el comportamiento durante la infancia?
- Daniela Cal y Mayor Meyer
- 12 ago 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 15 ago 2025
Qué es el temperamento ? El temperamento es el conjunto de características con las que nacemos que influyen en la manera en que una persona reacciona y se adapta a su entorno. Se manifiesta desde los primeros meses de vida y constituye la base sobre la cual se desarrollará la personalidad.
A lo largo del tiempo, varios autores han estudiado este concepto. En este contexto, Stella Chess y Alexander Thomas desarrollaron uno de los modelos más influyentes sobre el temperamento infantil, derivado de su Estudio Longitudinal de Nueva York, iniciado en la década de 1950.
El modelo de Chess y Thomas sostiene que el temperamento está formado por nueve dimensiones que se pueden observar desde la infancia:
Nivel de actividad: grado de movimiento y energía.
Ritmicidad o regularidad: previsibilidad de funciones biológicas como sueño, hambre o eliminación.
Aproximación o retirada: reacción inicial ante personas, objetos o situaciones nuevas.
Adaptabilidad: facilidad para ajustarse a cambios o nuevas circunstancias.
Umbral sensorial: cantidad de estimulación necesaria para provocar una respuesta.
Intensidad de la respuesta: fuerza o energía de las reacciones emocionales.
Estado de ánimo predominante: tendencia general hacia la alegría o la irritabilidad.
Distracción: facilidad con la que un estímulo puede interrumpir una actividad en curso.
Persistencia / tiempo de atención: capacidad para mantener una tarea hasta completarla.
A partir de la combinación de estos rasgos, identificaron tres tipos principales de temperamento:
Niño fácil: se adapta con rapidez, presenta ritmos biológicos regulares, reacciones positivas y un estado de ánimo predominantemente alegre.
Niño difícil: tiene ritmos irregulares, reacciones negativas ante lo nuevo, mayor intensidad emocional y dificultad para adaptarse.
Niño de adaptación lenta (slow-to-warm-up): tiende a mostrar reacciones iniciales negativas o reservadas, necesita más tiempo para adaptarse a cambios y situaciones nuevas.

Este modelo también introdujo el concepto de "goodness of fit" (o grado de adecuación) que hace referencia a la compatibilidad entre el temperamento del niño y el estilo de crianza. Una buena adaptación entre ambos favorece el desarrollo saludable y el bienestar emocional del menor.
Stella Chess y Alexander Thomas proponen que el foco no debe estar en cambiar el temperamento del niño, sino en ajustar el entorno, las expectativas y la forma de interactuar del adulto para que encaje mejor con las características temperamentales del menor.
En su propuesta, para mejorar el “grado de adecuación” sugieren:
Conocer y aceptar el temperamento del niño
Observar sus reacciones y patrones de conducta sin juzgar.
Reconocer que ciertas conductas no son “mal comportamiento”, sino reflejo de su estilo temperamental.
Ajustar expectativas
Evitar pedirle al niño reacciones o adaptaciones que van contra su naturaleza de forma constante.
Establecer metas realistas y progresivas según sus capacidades y su estilo.
Adaptar el ambiente
Reducir estímulos en niños con alta sensibilidad sensorial.
Introducir los cambios de forma gradual en niños de adaptación lenta.
Proporcionar oportunidades de movimiento a niños con alto nivel de actividad.
Usar estrategias de crianza flexibles
Ser consistentes en los límites, pero flexibles en la forma de aplicarlos según la situación y el temperamento.
Ofrecer opciones y no imponer cambios bruscos cuando no es necesario.
Favorecer el desarrollo de habilidades de autorregulación
Enseñar estrategias para manejar la frustración y la ansiedad.
Reforzar el autocontrol con ejemplos y apoyo emocional.
Comunicación constante y empática
Escuchar al niño y validar sus emociones.
Explicar lo que se espera y los motivos, de forma adaptada a su edad.
En resumen, para Chess y Thomas la clave está en crear una interacción donde el entorno se acomode al niño y el niño, poco a poco, aprenda a responder de manera más efectiva a las demandas de su entorno, evitando choques constantes que pueden derivar en problemas de conducta o baja autoestima.



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