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Cuando límites y consecuencias no funcionan: estrategias creativas para manejar el comportamiento

Hay situaciones donde aplicar consecuencias naturales o lógicas resulta difícil o imposible. Es en esos momentos donde la creatividad y la flexibilidad se vuelven esenciales.
Hay situaciones donde aplicar consecuencias naturales o lógicas resulta difícil o imposible. Es en esos momentos donde la creatividad y la flexibilidad se vuelven esenciales.

A veces, aunque pongas límites claros y apliques consecuencias naturales o lógicas, tu hija(o) puede seguir sin cooperar o tener berrinches. Esto es completamente normal, sobre todo si llevas poco tiempo implementando estas estrategias. Con el tiempo y la constancia, la cooperación suele aumentar y los berrinches disminuir.


Pero, ¿qué pasa si ya llevas algunos meses y tu hija(o) sigue sin respetar los límites? Antes de frustrarte, pregúntate:

  • ¿No puede? Tal vez estás exigiendo algo que aún no es apropiado para su edad.

  • ¿No quiere? Puede ser que tu hija(o) necesite más conexión contigo. En este caso, aumenta tus tiempos de juego y afecto: apapáchalos, juega con ellos y dedica momentos de cariño. A veces la solución es más simple de lo que parece.


Usar creatividad cuando las consecuencias no funcionan

Hay situaciones donde aplicar consecuencias naturales o lógicas resulta difícil o imposible. Es en esos momentos donde la creatividad y la flexibilidad se vuelven esenciales.

Por ejemplo:

Paulina, de 4 años, va rumbo al pediatra con su papá. Suele tener dificultad para controlar su cuerpo y está pateando el respaldo del asiento delantero.

El papá intenta lo tradicional:

  • Papá: “Pau, a papá no le gusta que patees su asiento porque me duele la espalda, ¿me ayudas dejando de patearlo?”

  • Paulina: sigue pateando.


En este caso, no hay consecuencia natural ni lógica inmediata que funcione. La solución está en desviar el comportamiento hacia una opción más adecuada y realista:

  • Papá: “¿Por qué te gusta patear el asiento, hija?”

  • Paulina: “Mis piernas se quieren mover y me gusta, es divertido.”

  • Papá: “Ok, ¿podrías patear otra cosa que tengas más cerca? ¿Tu sillita o tu mochila?”


Aquí el papá reconoce que controlar completamente las piernas de Paulina sería muy difícil, pero le ofrece alternativas que cumplen con su necesidad de moverse sin dañar a nadie ni generar frustración. Esto permite mantener la calma y continuar el trayecto de manera segura, enseñando al mismo tiempo habilidades de autorregulación y negociación.


Claves para estos momentos

  1. Flexibilidad: A veces la perfección no es posible, y aceptar una alternativa segura es mejor que una lucha de poder.

  2. Opciones concretas: Dar alternativas viables ayuda a que el niño se sienta escuchado y tenga cierto control sobre la situación.

  3. Paciencia y constancia: Aunque no funcione al 100% al inicio, cada pequeño intento es un aprendizaje.


Aplicar límites y consecuencias requiere tiempo, práctica y, en ocasiones, creatividad. Recordar que cada niño tiene sus capacidades y necesidades específicas te ayudará a manejar los momentos más difíciles con calma y efectividad.



 
 
 

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