El cerebro del niño durante un berrinche: cómo funciona y cómo acompañarlo
- Daniela Cal y Mayor Meyer
- 10 oct 2025
- 2 Min. de lectura
Cuando un niñ@ está en pleno berrinche, muchos papás y mamás se preguntan: “¿Por qué no entiende razones?”. La respuesta está en la neurociencia: el cerebro del niño durante un berrinche funciona de manera distinta, porque las partes responsables de pensar con calma y reflexionar se “desconectan” temporalmente.
El cerebro se divide en dos grandes áreas:
Cerebro inferior: es la parte más primitiva, encargada de la supervivencia (reflejos, huida, lucha, congelamiento). Está completamente desarrollado al nacer.
Cerebro superior: se encarga de funciones complejas como la planificación, empatía, control de impulsos y razonamiento. No termina de madurar hasta los 25 años.
Durante un berrinche, el niñ@ percibe la situación como una amenaza. Su cerebro inferior se activa y pone en pausa al cerebro superior. Esto significa que pedirle que “piense, se calme y reflexione” en ese momento es inútil, porque la parte racional no está disponible.

La herramienta de Daniel Siegel: Conectar + Redirigir
El Dr. Daniel J. Siegel, autor de El cerebro del niño, propone una estrategia sencilla y poderosa para acompañar a l@s niñ@s en estos momentos: Conectar + Redirigir.
1. Conectar con el cerebro inferior
Antes de enseñar o corregir, necesitamos que el niño perciba seguridad. Esto se logra al conectar con sus emociones:
Transmitir consuelo: ponte a su altura, habla con voz tranquila y tono neutral.
Validar: reconoce su emoción (“Veo que estás muy enojado porque tu juguete se rompió”).
Escuchar: dale espacio para expresarse sin juicios ni interrupciones.
Reflejar: repite con tus palabras lo que él o ella expresó para que se sienta comprendid@.
El mensaje que recibe el cerebro inferior es: “Estás a salvo, entiendo lo que sientes, y quiero ayudarte”.
2. Redirigir al cerebro superior
Una vez que la emoción bajó de intensidad, ahora sí se puede dialogar y enseñar. Aquí trabajamos con el cerebro superior:
Relata lo que sucedió y la emoción asociada.
Pregunta qué comportamientos no fueron adecuados y qué consecuencias tuvieron.
Invita al niño a proponer soluciones y alternativas para la próxima vez.
Si responde “no sé”, acompáñalo proponiendo ideas y modelando el razonamiento.
De esta forma, el berrinche se convierte en un momento de aprendizaje y desarrollo de habilidades como la empatía, la reflexión y el autocontrol.
Acompañar sin ser amenaza
Si respondemos con gritos, regaños o castigos, el cerebro del niño nos percibe como peligro y la crisis empeora. Pero si ofrecemos calma, validación y conexión, se abre la puerta al aprendizaje y al fortalecimiento del vínculo.



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