top of page

El cerebro del niño durante un berrinche: cómo funciona y cómo acompañarlo


Cuando un niñ@ está en pleno berrinche, muchos papás y mamás se preguntan: “¿Por qué no entiende razones?”. La respuesta está en la neurociencia: el cerebro del niño durante un berrinche funciona de manera distinta, porque las partes responsables de pensar con calma y reflexionar se “desconectan” temporalmente.


El cerebro se divide en dos grandes áreas:

  • Cerebro inferior: es la parte más primitiva, encargada de la supervivencia (reflejos, huida, lucha, congelamiento). Está completamente desarrollado al nacer.

  • Cerebro superior: se encarga de funciones complejas como la planificación, empatía, control de impulsos y razonamiento. No termina de madurar hasta los 25 años.


Durante un berrinche, el niñ@ percibe la situación como una amenaza. Su cerebro inferior se activa y pone en pausa al cerebro superior. Esto significa que pedirle que “piense, se calme y reflexione” en ese momento es inútil, porque la parte racional no está disponible.


el cerebro del niño en el berrinche
El cerebro superior del niño durante un berrinche se ve así.

La herramienta de Daniel Siegel: Conectar + Redirigir


El Dr. Daniel J. Siegel, autor de El cerebro del niño, propone una estrategia sencilla y poderosa para acompañar a l@s niñ@s en estos momentos: Conectar + Redirigir.


1. Conectar con el cerebro inferior

Antes de enseñar o corregir, necesitamos que el niño perciba seguridad. Esto se logra al conectar con sus emociones:

  • Transmitir consuelo: ponte a su altura, habla con voz tranquila y tono neutral.

  • Validar: reconoce su emoción (“Veo que estás muy enojado porque tu juguete se rompió”).

  • Escuchar: dale espacio para expresarse sin juicios ni interrupciones.

  • Reflejar: repite con tus palabras lo que él o ella expresó para que se sienta comprendid@.


El mensaje que recibe el cerebro inferior es: “Estás a salvo, entiendo lo que sientes, y quiero ayudarte”.


2. Redirigir al cerebro superior

Una vez que la emoción bajó de intensidad, ahora sí se puede dialogar y enseñar. Aquí trabajamos con el cerebro superior:

  • Relata lo que sucedió y la emoción asociada.

  • Pregunta qué comportamientos no fueron adecuados y qué consecuencias tuvieron.

  • Invita al niño a proponer soluciones y alternativas para la próxima vez.

  • Si responde “no sé”, acompáñalo proponiendo ideas y modelando el razonamiento.


De esta forma, el berrinche se convierte en un momento de aprendizaje y desarrollo de habilidades como la empatía, la reflexión y el autocontrol.



Acompañar sin ser amenaza

Si respondemos con gritos, regaños o castigos, el cerebro del niño nos percibe como peligro y la crisis empeora. Pero si ofrecemos calma, validación y conexión, se abre la puerta al aprendizaje y al fortalecimiento del vínculo.


 
 
 

Comentarios


bottom of page