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¿Funcionan los premios y castigos para que los niños obedezcan?

Muchas madres y padres recurren a los premios con la mejor intención. Después de todo, parecen una alternativa más amable que los castigos y suelen dar resultados rápidos.
Muchas madres y padres recurren a los premios con la mejor intención. Después de todo, parecen una alternativa más amable que los castigos y suelen dar resultados rápidos.

"Si recoges tus juguetes, te doy un dulce."

"Si terminas la tarea, te compro un juguete."

"Si te portas bien, te ganas una estrella."


Muchas madres y padres recurren a los premios con la mejor intención. Después de todo, parecen una alternativa más amable que los castigos y suelen dar resultados rápidos. Pero ¿qué pasa cuando los premios se convierten en la principal estrategia para conseguir que los niños hagan caso?

Durante décadas, investigadores y autores como Alfie Kohn han cuestionado el uso de las recompensas como herramienta educativa. Aunque pueden generar obediencia a corto plazo, los estudios muestran que también pueden tener efectos no deseados en la motivación y la relación con los adultos.


¿Por qué los premios parecen funcionar?

Los premios funcionan porque ofrecen algo atractivo a cambio de una conducta.

Por ejemplo:

  • "Si te vistes rápido, podrás ver televisión."

  • "Si terminas la comida, te compro un helado."

  • "Si sacas buenas calificaciones, te regalo una bicicleta."

En muchos casos, los niños responden porque quieren obtener la recompensa.

Sin embargo, el objetivo de la crianza no es solamente conseguir obediencia inmediata, sino ayudar a nuestros hijos a desarrollar responsabilidad, autocontrol y valores internos.


Premios y castigos: dos caras de la misma moneda

Alfie Kohn explica en su libro Punished by Rewards que los premios y los castigos comparten algo importante: ambos buscan controlar el comportamiento desde afuera.

La diferencia es que uno utiliza algo desagradable y el otro algo atractivo, pero en ambos casos el mensaje es:

"Haz esto para obtener aquello."

El niño puede aprender a obedecer, pero no necesariamente a comprender por qué una conducta es importante o a desarrollar una motivación interna.


¿Qué efectos pueden tener las recompensas constantes?

Pueden disminuir la motivación interna

Cuando una actividad se asocia continuamente con premios, los niños pueden comenzar a hacerla únicamente para obtener algo a cambio.

Por ejemplo, un niño que disfrutaba dibujar puede empezar a preguntar:

"¿Qué me vas a dar si hago un dibujo?"

La actividad deja de ser valiosa por sí misma y se convierte en un medio para conseguir una recompensa.


Pueden crear dependencia de recompensas externas

Si cada comportamiento deseado tiene un premio, es posible que los niños se acostumbren a esperar algo a cambio.

Entonces aparecen preguntas como:

  • "¿Qué me vas a dar?"

  • "¿Qué gano si lo hago?"

  • "¿Y cuál será mi premio?"

Esto no ocurre porque sean egoístas, sino porque han aprendido que la cooperación depende de recibir una recompensa.


Pueden reducir la perseverancia y la creatividad

Diversos estudios revisados por Alfie Kohn muestran que las personas suelen perder interés y creatividad cuando se enfocan únicamente en obtener una recompensa.

Cuando la atención está puesta en el premio, disminuye la curiosidad, el disfrute y la satisfacción de aprender o colaborar.


¿Significa esto que nunca debemos reconocer o celebrar?

No.

Existe una diferencia importante entre sobornar y reconocer.

No es lo mismo decir:

"Si recoges tus juguetes, te compro un chocolate."

Que decir:

"Veo cuánto esfuerzo pusiste en ordenar tus juguetes. Seguro ahora será más fácil encontrar tus cosas mañana."

En el primer caso, el foco está en el premio.

En el segundo, el niño recibe reconocimiento y conexión.

Las niñas y los niños necesitan sentirse vistos, valorados y acompañados, pero no necesariamente recompensados por cada acción.


Entonces, ¿cómo fomentar la cooperación?


Premios y castigos no son la única alternativa

Existen otras maneras de favorecer la colaboración y la responsabilidad.


Conectar antes de corregir

Los niños cooperan mejor cuando se sienten conectados emocionalmente.

Por ejemplo:

"Veo que estás muy entretenido jugando. En cinco minutos será hora de guardar los juguetes. ¿Quieres que lo hagamos juntos?"


Explicar el porqué

Comprender las razones ayuda a desarrollar responsabilidad.

En lugar de:

"Porque yo lo digo."

Podemos decir:

"Guardamos los juguetes para que mañana podamos encontrarlos y nadie se tropiece con ellos."


Involucrarlos en las soluciones

Preguntar:

"¿Qué crees que podríamos hacer para recordar cepillarnos los dientes antes de dormir?"

Ayuda a desarrollar autonomía y sentido de responsabilidad.


Reconocer el esfuerzo y no solo el resultado

En lugar de enfocarnos en premios, podemos describir lo que observamos:

  • "Seguiste intentando aunque era difícil."

  • "Te esforzaste mucho en terminar eso."

  • "Encontraste una solución por ti mismo."

Este tipo de comentarios favorece la motivación interna y la confianza.


¿Quiere decir que nunca puedo dar regalos o celebrar logros?

Por supuesto que no. Los cumpleaños, las celebraciones o los regalos espontáneos forman parte de la vida familiar. La diferencia está en evitar que el amor, la cooperación o las responsabilidades se conviertan en una negociación constante. Las relaciones más saludables no se construyen sobre premios, sino sobre conexión, confianza y acompañamiento.


Una idea para poner en práctica

La próxima vez que quieras decir: "Si haces esto, te doy aquello..." Haz una pausa y pregúntate:

¿Estoy intentando controlar la conducta o ayudar a mi hijo a comprender y desarrollar una motivación interna?

La crianza no consiste únicamente en lograr que los niños obedezcan hoy. También se trata de acompañarlos para que, poco a poco, aprendan a hacer las cosas porque entienden su importancia, desarrollan responsabilidad y descubren que son capaces de colaborar sin necesitar siempre una recompensa a cambio.


Fuentes

  1. Punished by Rewards. Houghton Mifflin, 1993.

  2. Edward L. Deci y Richard M. Ryan. Self-Determination Theory: Basic Psychological Needs in Motivation, Development, and Wellness. Guilford Press, 2017.

  3. Edward L. Deci, Koestner, R. y Ryan, R. M. (1999). A Meta-Analytic Review of Experiments Examining the Effects of Extrinsic Rewards on Intrinsic Motivation. Psychological Bulletin.

  4. The Whole-Brain Child. Bantam Books, 2011.

  5. American Psychological Association. Recursos sobre motivación y desarrollo infantil.

 
 
 

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