Es más fácil reducirlas cuando existen reglas predecibles antes de encenderlas. Define cuándo se pueden utilizar, durante cuánto tiempo y qué sucederá después. Avísale al niño antes de terminar, utiliza señales claras y ten preparada una actividad de transición. El objetivo es que apagar la pantalla deje de sentirse como una decisión inesperada del adulto.