“Límites negociables y no negociables: cómo enseñar responsabilidad y respeto”
- Daniela Cal y Mayor Meyer
- 16 ene
- 2 Min. de lectura
Los límites son una herramienta fundamental en la crianza. Le dan estructura al día a día, enseñan respeto y ayudan a los niños a sentirse seguros. Pero no todos los límites son iguales: existen límites negociables y no negociables, y saber diferenciarlos es clave para mantener el equilibrio entre firmeza y flexibilidad.
Los límites negociables —también llamados normas— son aquellos que pueden adaptarse en situaciones especiales. Por ejemplo, la hora de dormir puede ser a las 7:30 p.m. entre semana, pero un poco más tarde los fines de semana o en vacaciones. Otro ejemplo puede ser comer siempre en el comedor, excepto cuando hay un cumpleaños o una tarde especial de películas en familia.
Estos límites enseñan a los niños a ser flexibles, a comprender que las reglas pueden ajustarse en ocasiones sin perder el respeto ni la responsabilidad.

Por otro lado, los límites no negociables son las reglas que se respetan siempre, sin excepción. Protegen valores esenciales como el respeto, la seguridad y la salud. Algunos ejemplos son: no pegar a otras personas, no usar groserías, no lastimar a los animales o no comer frente a pantallas. Estos límites enseñan que hay principios fundamentales que no dependen del momento ni de la emoción del niño, sino que se sostienen siempre porque mantienen la armonía y el bienestar familiar.
Establecer límites claros —y cumplirlos de forma constante— ayuda a los niños a desarrollar autorregulación, responsabilidad y empatía. Además, cuando los cuidadores acuerdan y mantienen las mismas reglas, se refuerza la sensación de coherencia y seguridad dentro del hogar.
En resumen:
Los límites negociables enseñan flexibilidad.
Los no negociables enseñan respeto y seguridad.
Ambos son necesarios para formar niños responsables y seguros de sí mismos.



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