¿Cómo hacer que mi hijo me haga caso?
- Daniela Cal y Mayor Meyer
- hace 2 días
- 4 min de lectura

¿Te ha pasado que le dices a tu hija o hijo "Ponte los zapatos" y no sucede nada? Lo vuelves a decir. Y otra vez. Y una más, pero ahora con un tono más fuerte. Finalmente, cuando estás frustrado y tu voz cambia, tu hijo responde.
Si esta escena te resulta familiar, no estás solo. Muchas madres, padres y cuidadores terminan atrapados en un ciclo agotador: repetir, insistir, elevar el tono y sentirse culpables después.
Pero el problema no es que tu hija o hijo sea desobediente. Muchas veces, sin darnos cuenta, hemos creado una dinámica en la que las primeras veces que hablamos no parecen contar.
¿Por qué repetir instrucciones suele ser contraproducente?
Cada vez que repetimos una instrucción varias veces, enviamos un mensaje involuntario:
"La primera vez no era realmente importante."
Con el tiempo, las niñas y los niños aprenden que no necesitan responder cuando escuchan una petición por primera vez. Esperan. Saben que habrá una segunda, tercera o cuarta oportunidad. Y, muchas veces, esperan hasta que notan que nuestra voz cambia o que perdemos la paciencia.
No lo hacen porque quieran hacernos enojar. Simplemente han aprendido cómo funciona esa dinámica.
Por eso, el problema no suele ser que el niño "no escuche", sino que ha aprendido que la primera petición todavía no requiere acción.
Repetir instrucciones no es lo mismo que poner límites
¿Qué diferencia hay entre un recordatorio y un límite?
A veces estos dos conceptos pueden parecer iguales, pero no lo son.
Un recordatorio consiste en repetir una y otra vez esperando que el niño decida cooperar.
Un límite, en cambio, implica decir algo una vez y luego actuar de manera coherente con lo que hemos dicho.
Por ejemplo:
Recordatorio:
"Guarda tus juguetes."
"Por favor, guarda tus juguetes."
"¿Cuántas veces te tengo que decir que guardes tus juguetes?"
Límite:
"Es momento de guardar los juguetes."
Esperar unos segundos.
Ayudar al niño a guardarlos o aplicar una consecuencia lógica previamente conocida.
La diferencia es que un límite no depende de cuántas veces repitamos, sino de lo que hacemos después.
¿Por qué repetir instrucciones nos deja atrapados?
Cuando repetimos constantemente, solemos entrar en un círculo agotador:
Damos una instrucción.
El niño no responde.
Repetimos.
Repetimos otra vez.
Perdemos la paciencia.
El niño finalmente actúa.
Sin querer, terminamos enseñando que la petición verdadera es la que viene acompañada de frustración o de un tono elevado.
Y eso es agotador para todos.
¿Cómo hacer que mi hijo me haga caso?
La clave no es hablar más fuerte, sino hacer que la primera petición tenga significado.
Acércate y establece conexión
Antes de hablar:
Acércate físicamente.
Busca contacto visual.
Utiliza pocas palabras.
Habla con calma y claridad.
Por ejemplo:
"Es momento de ponerte los zapatos."
Después, evita seguir hablando.
Repetir instrucciones: menos palabras y más acción
Después de hacer la petición, espera unos segundos.
Si no hay respuesta, en lugar de repetir cinco veces, pasa a la acción con calma.
Por ejemplo:
"Te lo pedí una vez. Ahora voy a ayudarte."
Puedes acercarte y ayudar a poner los zapatos, acompañar a guardar los juguetes o sostener el límite necesario.
La intención no es controlar ni castigar, sino mostrar que tus palabras tienen significado.
¿Y si se enoja o protesta?
Es normal que los niños se frustren cuando encuentran límites. Eso no significa que estemos haciendo algo mal.Podemos acompañar sus emociones mientras mantenemos el límite.
Por ejemplo:"Sé que querías seguir jugando. Es difícil detenerse cuando te estás divirtiendo. Te ayudaré a guardar y mañana volveremos a jugar." La empatía y los límites pueden ir de la mano.
¿Qué empieza a cambiar con el tiempo?
Cuando dejamos de repetir y actuamos con mayor consistencia, muchas niñas y niños empiezan a responder antes porque descubren que ya no existe una quinta o sexta oportunidad. La cooperación deja de depender de los gritos o de la frustración. No porque tengan miedo. Sino porque aprenden que la primera petición es real y que los adultos cumplen lo que dicen. Esto no ocurre de un día para otro. Como cualquier habilidad, requiere práctica, paciencia y repetición… pero de nuestra consistencia, no de nuestras palabras.
Una idea para poner en práctica
La próxima vez que te descubras diciendo por cuarta vez "¡Ponte los zapatos!", haz una pausa y pregúntate:
¿Estoy repitiendo o estoy actuando?
Las niñas y los niños no necesitan que les recordemos diez veces lo mismo. Necesitan adultos que hablen con claridad, actúen con calma y sostengan límites de manera consistente.
Porque muchas veces, menos palabras y más coherencia son las que realmente ayudan a que la cooperación crezca.
Fuentes
No-Drama Discipline. Bantam Books, 2014.
Positive Discipline. Ballantine Books.
American Academy of Pediatrics. Effective Discipline to Raise Healthy Children. HealthyChildren.org.https://www.healthychildren.org
Center on the Developing Child at Harvard University. Executive Function & Self-Regulation Skills Are Built Over Time.https://developingchild.harvard.edu/resources/inbrief-executive-function/
The Whole-Brain Child. Bantam Books, 2011.


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