La regulación emocional de los niños comienza con la regulación emocional de los padres
- Daniela Cal y Mayor Meyer
- hace 5 días
- 3 Min. de lectura
Muchos padres se preguntan qué hacer cuando su hijo está en pleno berrinche: qué palabras usar, qué consecuencias aplicar o cómo lograr que el niño se calme más rápido. Sin embargo, una de las variables más importantes para la regulación emocional infantil no está en lo que decimos, sino en cómo estamos emocionalmente nosotros.
Los niños pequeños no solo escuchan palabras: perciben estados emocionales.
Su cerebro está constantemente leyendo el ambiente, interpretando gestos, tono de voz, respiración, tensión corporal e incluso estados emocionales que los adultos intentan ocultar.
Esto ocurre en gran parte gracias a un sistema del cerebro llamado neuronas espejo.
El papel de las neuronas espejo
Las neuronas espejo son células cerebrales que se activan cuando observamos el comportamiento o el estado emocional de otra persona. Estas neuronas ayudan a que podamos comprender, imitar y resonar emocionalmente con los demás.
En el caso de los niños, este sistema es especialmente activo.
Por eso, cuando un padre o una madre está tranquilo, el niño tiende a calmarse más fácilmente. Pero cuando el adulto está tenso, frustrado o enojado —aunque trate de aparentar calma— el niño puede percibir esa incongruencia.
Es como si el niño dijera internamente:
"Algo no está bien aquí."
El cerebro infantil está diseñado para detectar señales de seguridad o amenaza en su entorno. Y el estado emocional de los padres es una de las señales más poderosas.

Los niños sienten más de lo que los adultos creen
A veces un adulto puede decir con voz suave:
"No pasa nada, cálmate."
Pero si por dentro está irritado, agotado o desesperado, el niño percibe esa energía emocional.
Para el cerebro del niño, el mensaje no verbal puede ser más fuerte que las palabras.
Por eso muchos padres sienten que sus intentos de calmar al niño no funcionan, incluso cuando están diciendo las palabras "correctas".
No es necesariamente lo que se dice, sino desde qué estado interno se dice.
Primero regula al adulto, luego al niño
Autores como Daniel Siegel han explicado que la regulación emocional infantil se construye a través de la corregulación. Es decir, el niño aprende a regularse gracias a la presencia de un adulto que puede mantenerse relativamente calmado en momentos de estrés.
Cuando un adulto logra bajar su propia activación emocional, le está ofreciendo al niño un sistema nervioso más estable con el cual sincronizarse.
Esto no significa que los padres deban estar calmados todo el tiempo. Eso sería imposible.
Significa simplemente reconocer que la regulación del adulto es una herramienta poderosa para ayudar al niño a regularse.
¿Qué puedes hacer en un momento de berrinche?
En lugar de enfocarte primero en controlar la conducta del niño, puede ser útil preguntarte:
¿Cómo está mi cuerpo en este momento?
¿Estoy respirando rápido o tenso?
¿Estoy reaccionando desde el enojo o desde la calma?
A veces un pequeño momento para respirar profundo, relajar los hombros o hacer una pausa mental puede cambiar completamente la dinámica.
Cuando el adulto logra bajar su intensidad emocional, el niño suele encontrar más fácilmente el camino hacia la calma.
La regulación emocional también se aprende con el ejemplo
Con el tiempo, los niños internalizan la manera en que los adultos manejan sus emociones.
Si observan a un adulto que puede reconocer su frustración, respirar, pausar y luego actuar con mayor claridad, están aprendiendo una habilidad fundamental para su vida emocional.
En otras palabras, los niños aprenden a regularse viendo cómo se regulan sus padres.
Y ese aprendizaje ocurre mucho antes de que el niño pueda comprender explicaciones racionales.
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